Bitácora Nº 9: objetos de colección

Actualizado: abr 18

BITACORA Nº 9, 16/10/2020.

Estimados y recordados amigos del Círculo Graf Spee 2020.

Les hago llegar el Boletín Nº, 9 con algunas novedades.

Historia conocida para refrescar.

Dos remolcadores y una chata argentinos, el Coloso, Gigante y Chiriguana en audaz maniobra, sustraen a la tripulación del Graf Spee

La navegación a bordo del remolcador Coloso, rumbo a Buenos Aires, es una travesía extraña y sombría. Están ausentes la holgura y el desahogo que horas antes brindaba el navío abandonado. El rechoncho remolcador, junto a su casi gemelo Gigante y a una chata, la Chiriguana, están sustrayendo a la tripulación del acorazado Graf Spee de una casi segura y rígida internación en el Uruguay, tras los recios combates con tres cruceros ingleses y el auto hundimiento del navío alemán.

El organizador de la maniobra fue el capitán de ultramar e inspector de la naviera Hamburg Süd Rudolf Hepe. Nacido en 1881. A los 15 años recorrió el mundo como grumete y a los 29 años era el capitán más joven de la naviera. Sin pedir permiso, tomó los dos remolcadores y la chata, se ubicó en el Coloso y enfiló hacia Uruguay Fue y regresó sin novedad, y tuvo la oportunidad de conversar con Langsdorff. Sus méritos y audacia fueron encomiables.

El Coloso y el Gigante fueron construidos en Hamburgo, Alemania, en 1927. Desplazan 312 Tn. y con su máquina de triple expansión navega a 8 nudos. Los tripulan 12 hombres cada uno. Son naves mañosas que requieren bastantes maquinistas. Pero Hepe pudo llevar solo tripulación reducida: un patrón, un maquinista y dos marineros en cada nave más dos marineros en la chata.

El Coloso, con sus escoltas, surca con parsimonia el Río de la Plata. Es el regreso. De sus aguas emana un olor ajeno mientras la corriente arrastra hojas, ramas y pequeñas islas de plantas, refugios de feroces y hambrientos mosquitos que atacan. La incertidumbre no deja dormir a nadie y los vahos de sudor se mezclan con el humo acre que expele la chimenea. Las luces de la costa uruguaya ya han dejado de titilar, pero siguen vivos y latentes los resplandores del dantesco infortunio que envolvió a su nave. Ayer por la tarde la tripulación del acorazado abandonó la seguridad de su blindaje y de sus cañones y se ocultó en el mercante alemán Tacoma. Al caer el sol, sin que nadie los viese, se escaparon en los tres barquichuelos argentinos que fletó Hepe para ese fin, generando una contrariedad diplomática insuperable.

Amanece. Al frente se divisa un cinturón de tierra color claro. Un chispazo de sol se introduce entre la chimenea y el pequeño puente del Coloso y encandila a unos ojos cansados. Algunas edificaciones se yerguen en el horizonte, entre ellas la de un rascacielos. Grandes barcos esperan su turno para entrar al puerto. Es Buenos Aires. El humo opaco expelido por la chimenea de los remolcadores ha tiznado los uniformes blancos. La tripulación se despereza.

El Coloso reduce velocidad y, ya inmóvil, el patrón ordena echar anclas. Una lancha portuaria se aproxima. El olor del río se intensifica y los rayos del sol incineran la cubierta del remolcador. Los funcionarios de a bordo vienen para dar cumplimiento al papeleo de rigor. Ayudados por una bocina preguntan al Capitán Langsdorff si desea comer algo. El Capitán responde:

-Tengo aquí conmigo a más de mil tripulantes que también desean un bocado... gracias, nos esperan en Buenos Aires.

La lancha es relevada por otro bote que se arrima por babor. Sube a bordo, recto como un ciprés, el embajador alemán en Argentina, el doctor von Thermann. Informa al Comandante que el gobierno argentino está dispuesto a internar a la totalidad de la tripulación y alojarla en un hotel de inmigrantes.

Es el principio de otra vida para 1.055 tripulantes del Graf Spee.

Nuevos integrantes:

Fruto de la web, siempre se contacta alguno(a) que otro(a) entusiasta. Y sorprende.

En primer lugar el señor Noel Fallows en EE. UU., coleccionista e interesado por la historia del Graf Spee. Entre los objetos muy valiosos que posee, nos muestra un salvavidas del Spee (ver fotos) y el sable del capitán Bell comandante del Exeter.

Nos cuenta Noel:

La foto es del marino Kurt Voigt, Cuarta División, No. 95, con este mismo salvavidas (¡en su momento de esplendor!) al cuello, con una amiga desconocida. Creo que después de la guerra Voigt vivió en Ciudad Jardín Lomas del Palomar en la provincia de Buenos Aires.

Christiansen en Uruguay Adjunto con este mensaje algunas imágenes más, del sable de Bell, y un grupo interesante del marino alemán Karl-Heinz Christiansen (NOTA: este conjunto de distinciones, diplomas y demás. se denomina Konvolut en la jerga de los coleccionistas). Sirvió en el Graf Spee y el álbum de fotos tiene que ver con su servicio en el buque. Pero después de la Guerra Civil Española, en torno al año 1939-40, parece que se trasladó a otro buque. Su ‘Soldbuch’ (cuaderno de los destinos y sueldos) tiene acotaciones en alemán e inglés, y el águila nazi en la portada ha sido censurado por los británicos. El documento más interesante a mi juicio es algo que no he visto antes – una especie de carta impresa en inglés en una cara y en alemán en la otra, que le da permiso especial para guardar su daga. El mango de la daga en cuestión es de marfil, y por ende no me sorprende que Christiansen quería guardarla.

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Diplomas del suboficial maquinista Karl-Heinz Christiansen: arriba, de izquierda a derecha: certificado de pertenencia, diploma Cruz de la guerra civil española en bronce, diploma medalla en conmemoración del 1º de octubre de 1938 (Anexión de los Sudetes).

Abajo: certificado de Cruz de Hierro 2da clase, adjudicación de la cinta de manga “Afrika” y atestación de pertenencia de la daga.

Daga de suboficial, cospel cantina Graf Spee, distintivo de barreminas, Cruz de hierro 2da clase con estuche, Cruz guerra civil española en bronce sin espadas, medalla anexión Sudetes, foja de servicios, libro de servicios, cinta de manga “Afrika” y álbum.

Prestó servicios en patrullaje y en misiones de barreminas entre 1940 y 1945 en Africa y en Italia.

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El salvavidas

Kurt Voigt y amiga

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Sable naval del capitán Frederick Secker Bell RN

Detalle del sable con iniciales F S Bell

También se interesó mucho Klaus Neumann de Alemania, quien encargó un libro de Los rostros…, para su archivo del Spee.

Nada menos que un nieto de un marinero, Walter Ridderskamp de la segunda división, Leandro Moyano, quien fue acreedor de varios pliegos del archivo de Leandro Bustamante. ¿Los papeles van para el bisnieto de Ridderskamp?, preguntó LB y el joven explicó: - descubrí hace unos días que soy nieto de Walter Ridderskamp (tripulante del Graf Spee) Mi mamá es hija de Adolfo Ridderskamp (1944), hijo de Walter. Por cuestiones de la vida mi mamá solo tenía el apellido, pero no sabíamos nada sobre la historia detrás. Firma Leandro Moyano, nieto de…








Concurso:

Bases: se trata de responder como otras veces varias preguntas de selección, de entre 4, la verdadera. Puntaje como siempre. Premio, lo mantenemos: un libro “Los rostros del Graf Spee”, una réplica de cinta de gorra y un escudo pin del HMS Ajax. Y si la participación crece, más premios sorpresa.

La serie de concursos terminan el día en que nos reunimos nuevamente.

Puntaje a la fecha

Concurso de hoy:

Suspendido por tormentas eléctricas

Saludos cordiales, éxitos y feliz Oktoberfest.

Enrique Rodolfo Dick

Consultar www.enriquerodolfodick.com

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